Por Laura Garza
De nueva cuenta observamos a la muerte como algo que ya suele ser cotidiano para nuestros ojos. Muertos siempre hay, pero la información es la que nos coloca frente a un contexto en la que nos hace mirar de manera distinta.
Basta enterarnos sobre el secuestro de mujeres u hombres e imaginar el terrible desenlace, el que pasa comúnmente en nuestro país: no aparecer.
Hombres y mujeres que salieron de fiesta, que fueron a regresar, que iban en el transporte público, que caminaban en una calle totalmente solitaria, que salían de divertirse de algún antro, pero todos con la misma historia de no volver a sus casas y saltar al mundo público con una foto en donde aparece únicamente su rostro y sus señas particulares para ser identificado.
La cadena de actos que bien pudieron salir de un guion de una película de misterio o terror. Alguien no llega a casa, los familiares entran en alerta, siguen las llamadas entre amigos y conocidos, las publicaciones en redes sociales, la angustia de los padres, la llamada a las autoridades, la primer noche de no poder dormir, la segunda sin pegar el sueño porque cualquier ruido despierta la esperanza de sus peores pensamientos. Se emite la alerta Amber y comienza de manera oficial a buscar a “una persona desaparecida” quien esta ocasión es de los tuyos.
El drama es inédito para todos.
Después te das cuenta que no solo fue tu hijo, sino que comienzan a ligarse más desapariciones similares y finalmente fueron ocho quienes son buscados.
Las historias que ahora salen a la luz, gracias al trabajo periodístico y de investigación la relación de los ocho jóvenes desaparecidos y hoy encontrados, los lleva a estar relacionados con el narco.
Entonces la percepción cambia, la angustia que uno como ajeno como observador de historias, como lector o televidente frente a la pantalla, desaparece.

La foto que toma el fotoperiodista de AFP Ulises Ruiz y que se publica en El País digital, tiene una interpretación distinta.
Esa bolsa negra de un cuerpo ya hinchado y en completa descomposición al estar tirado en la tierra y matorrales directo al sol por día y noche, se ve distinto.
El contexto relacionado con el narco y con supuestas acciones fraudulentas, le hacen mirar r la bolsa negra como si fuera directamente de basura, porque ya su muerte no le causa la misma reacción que antes.
Hoy es muy posible que usted y yo enjuiciemos a los ocho jóvenes que “pudieron buscar” este terrible final para sus vidas tratando y laborando para miembros del CJNG
Las imágenes por sí mismas pueden impactarnos, ocupar nuestra memoria por días enteros, pero si el contexto lo refiere a algún acto ilícito nuestra emoción las distorsiona y el impacto emocional es totalmente distinto.
El ojo humano y su conciencia, trabajan de la mano de lo que para ellos está bien o mal, es bueno o malo, es merecido o no. El fotógrafo captó de manera periodística el hallazgo de cuerpos en un monte, usted y yo le agregamos el resto, así la foto queda como lo que es, un acto periodístico de jóvenes que terminaron mal porque no estuvieron haciendo nada bueno.
La bolsa negra ya no le produce indignación, sino una reacción a una indebida acción.

Foto: Ulises Ruiz / Instagram @ulisesruizb

Foto: El País digital
