Por Laura Garza
Miles de migrantes continúan utilizando nuestro país como un puente por donde no sólo tienen que cruzar para llegar a Estados Unidos, sino que en el tienen que sobrevivir a inclemencias del clima y al cúmulo de riesgos al que se exponen frente al crimen organizado y a la nula capacidad de este gobierno para resguardarlos.
Los migrantes son este enorme grupo de hombres, mujeres, niñas y niños que se desplazan de día y noche desde Tapachula para llegar hasta la Ciudad de México. Son los integrantes del “Viacrucis Migrante “ que hoy han pedido al gobierno mexicano un libre tránsito para salir de Chiapas y que no los detengan los agentes de migración.
La fotografía que hoy les presento fue tomada por el fotoperiodista Juan Manuel Blanco para la agencia EFE, y bien podría ser una imagen más de las enormes caravanas que hemos visto pasar desde siempre o bien en estos últimos cinco años.
Hemos sido testigos de una serie de fotografías relacionadas con el tema en los concursos más importantes del fotoperiodismo en el mundo. Pero hoy con esta imagen no es ver si la foto es repetitiva o no, sino es mirarla como un ejercicio que en lo personal me gusta y lo hago casi a diario.
Es el objetivo de esta columna desde hace algunos años atrás: observar a detalle de arriba abajo, de abajo arriba, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha y detenernos rostro por rostro.
La fotografía foto periodística o documental, nos acercan a realidades que muchas veces nos parecen lejanas e incluso a donde nos vuelven indiferentes, porque claro no nos imaginamos tener que dejar nuestra casa de manera inmediata para salir del país a como dé lugar y eso incluye salir caminando con sólo una mochila en la espalda con el objetivo de sobrevivir y de vivir de una manera más humana, decente y digna.
Mirar la humanidad como el acto de sentir compasión, de entender la necesidad de otros, de sentirnos empáticos u ofrecer empatía, aunque sea a través de una pantalla. Así es como en realidad nos acercamos a las problemáticas sociales mundiales y en este caso a las que nos incumbe como mexicanos a la hora de ver pasar a los migrantes por nuestras ciudades o incluso cuando no pueden avanzar más y se quedan en las calles.
Por ejemplo, en primer plano tenemos a un padre con gorra negra cargando a su bebé, él como otros caminan con la mirada al piso. ¿qué pensará este padre mientras camina con los 10 kilos en su pecho de su pequeña que tarde que temprano va a llorar por el calor, por el cansancio o por el hambre?
Atrás de el camina un joven con una playera naranja también cabizbajo, atrás de él aparece un joven y una muchacha de negro también mirando el piso, atrás de ellos dos hay otro joven con una gorra negra de Nike también mirando hacia abajo.
El sol les pega a todos, el calor agota a todos, los pies les duelen a todos, cierran los ojos porque así recuerdan la vida que están dejando atrás, porque si los abren quizá dejen de caminar y decidan volver, pero eso no es opción.
Hay que aprender a mirar las historias a través de sus ojos, de sus sonrisas, de su sudor y de lo que sus cuerpos fatigados comunican en una o varias fotografías.
Ellos no vienen por los dólares que el presidente mexicano ha dicho que va a dar, ellos no vienen por ayuda mexicana, ellos quieren llegar a Estados Unidos, a un país en donde esperan que el crimen organizado, la inseguridad y la ausencia de políticas públicas ya no sean parte de su cotidianidad.
Tratar de entender el peligro que corren todas y todos por igual, las mujeres con niños, las que van solas, los jóvenes y también los adultos mayores.
Mirar la humanidad a través de una imagen para entender su necesidad de escapar, y de esperar que aunque no quieran a nuestro país como un objeto final, se les dé un trato humano, es decir, tratarlos como personas con dignidad y derechos humanos a los que hay que cuidar y defender.
Ojalá México fuera un país que les ofreciera un camino menos sinuoso para llegar a su destino.
Ojalá no se repitieran las historias de tantos migrantes que son secuestrados, violentados y desaparecidos.
Ojalá aprendiéramos a mirar la humanidad de los migrantes en las calles y actuar un poquito diferente.
