Las malas costumbres

Por Laura Garza

Día con día nos vamos acostumbrando al bombardeo de información, a las opiniones polarizadas, a las cifras reales y a las inventadas, al dolor ajeno y a ser partícipe de todo y al mismo tiempo de nada. 

Los mexicanos hemos ido aprendiendo generación tras generación a permitir los más vehementes abusos por parte del poder, a normalizar la corrupción como un estilo de vida de auto beneficio, a ver cifras de muertos, a votar por “el menos pior”, a quejarnos y sobre todo a no accionarnos.

Cuando pasa una elección crece la esperanza de que la siguiente generación se involucre aún más como una sociedad civil comprometida con lo que sucede en su colonia, en su municipio, en su ciudad, en su estado y en su país.

Pero pareciera que no, que los políticos y las malas costumbres adoptadas y enriquecidas con los años han causado el efecto merecido en los jóvenes y recién generaciones.

Ignorar lo que pasa o acostumbrarse a que lo que pasa no me afecta. 

Los temas van y vienen, y suelen ser los mismos porque las problemáticas sociales se han profundizado o mejor dicho agonizado durante estos últimos seis años. 

Las personas desaparecidas y sus madres buscadoras, hombres y mujeres que no volvieron a casa han pasado a ser una número, una cifra que representa la tremenda crisis en la que estamos envueltos como sociedad y país ante un gobierno inhumano  y descarado que decidió eliminar a “algunos cuantos” para hacer una estadística más favorecedora para sus resultados sexenales.

Las madres buscadoras, familias de todo el país que continúan viajando a la capital para protestar, exigir, y colocar las fotografías de sus hijos y los de alguien más.

La foto tomada por la gran Sashénka Gutiérrez de EFE, es durante esta semana frente a la Secretaría de Gobernación, aquí en la Ciudad de México en donde madres y padres reclamaron la “nueva” cifra que el Gobierno mexicano aportó sobre los desaparecidos.

Los familiares vinieron a gritar que lo que ellos dicen es una cifra “ridícula”, y creo que hasta se vieron limitados porque es una cifra insultante y humillante. 

¿Qué números eliminaron? ¿Su hijo habrá sido parte de esos números? ¿A caso eligieron entre hombres y mujeres para bajar la cifra real? ¿Habrán tomado un borrador para quitar un número por otro? ¿Cuántas veces oprimieron la tecla “delete” en el teclado de su computadora?”

Y lo peor entre tantas preguntas sin respuestas, es el silencio por parte del Ejecutivo para todos ellos. Siempre con un muro de concreto de por medio, unas rejas o elementos de la Guardia Nacional.

La mujer, la madre aún porta la fotografía de su hijo que no regresó. Una nueva hoja, una impresión más para que no se vea maltratada, para que se vea clara la mirada de él, quien nunca más volvió a mirarla.

Las fotos en el piso, donde quedan fuera de las miradas, porque ni siquiera las autoridades son capaces de detenerse a ver rostro por rostro.

No hay imagen que no duela, que no encienda las fibras de coraje. Las y los desaparecidos de este país van quedando en el olvido y en la mala costumbre de creer que “otra vez” vinieron sus padres a protestar a la Ciudad de México.

La violencia y la inseguridad han ido en aumento, así como la inoperancia del gobierno. Los rostros fijos en las fotos ya no están, solo queda que sus familiares y nosotros como sociedad sigamos exigiendo, hablando de ello y sobre todo, no caer en el olvido a la hora de salir a votar el próximo julio.

Que no heredemos las malas costumbres de ignorar lo que pasa, y eso está en salir a botar a quienes han ignorado la voz de tantos que han exclamado su ayuda y ahora hasta han sido borrados, como una cifra que no tuvo nombre ni apellido. 

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