Por Laura Garza
¿Qué se busca entre la tierra revuelta con escombros y basura? O me pregunto ¿cómo se busca queriendo encontrar un pedazo de “alguien”?
Veo la fotografía tomada por la fotoperiodista Alicia Vera del diario El País y lo que me provocan son tantas preguntas y cada una de ellas con la angustia de ser hija, hermana y madre.
¿Con qué fuerza sales a buscar mirando el piso y no al frente? ¿Cuándo es que decides dejar de buscar arriba para buscar abajo?
Durante estos últimos seis años hemos visto más este tipo de fotos en donde aparecen grupos de mujeres, en su mayoría buscando algún rastro de cuerpos sin vida y olvidados entre el polvo que el viento ha traído desde los distintos puntos cardinales.
Las madres buscadoras se han convertido en el objetivo de ciudadanos que buscan cómo ayudar ante una situación tan estresante y sobre todo angustiante. También han sido más buscadas por los medios de comunicación y eso ha sido tan importante para que los que desconocíamos del tema, nos interesáramos y no solo conociéramos una problemática más de nuestro país, sino una que es ignorada por el gobierno federal.
Ahora, no todo queda allí, porque ellas también se han convertido en el “blanco” de los grupos del crimen organizado que se ven amenazados por encontrar sus propios rastros en la muerte de tantos jóvenes, o vaya usted a saber.
Pero lo que hacen este grupo de mujeres valientes es salir a las calles, a los baldíos, a las carreteras, a los montes y a los campos de terracería en donde nadie creería que se pudiera encontrar algo, o ni siquiera que alguien haya podido estar allí; aunque lamentablemente la violencia no tiene ningún tipo de límite territorial.
Llegando allí entre señas, rumores o por la estela de actos inhumanos cometidos por bandas criminales y cárteles, es lo que ha provocado que ellas se vuelvan violentadas, secuestradas y posteriormente asesinadas brutalmente.
Hace siete días un grupo de hombres entraron a la casa de Lorenza Cano Flores, una de tantas madres buscadoras y al intentar levantarla, terminaron matando a su esposo e hijo en Salamanca, Guanajuato.
Lorenza o “Lore” como le gustaba que le llamaran, era parte del colectivo Salamanca Unidos Buscando Desaparecidos y ella estaba allí para encontrar a su hermano José Francisco Cano, a quien no encontró y hoy nadie la encuentra a ella.
Las madres buscadoras han sido rechazadas en sus visitas a la Ciudad de México ante el presidente, quien les ha respondido que no las recibiría por considerar sus acciones como “politiquerías”.
Las madres en Veracruz, Guerrero, Guanajuato, Oaxaca, Estado de México, Zacatecas, Tabasco, Chihuahua, Sinaloa, Durango, Sonora, Puebla o Jalisco son algunos estados que cuentan con colectivos de mujeres que tienen otros datos, otros números de hombres y mujeres desaparecidos a diferencia de cada Fiscalía o el propio Gobierno Federal.
Ellas que van y vienen, que terminan perdiendo sus trabajos y cambiando de vida con el único objetivo de buscar desde que despiertan y buscar hasta que se van a dormir. Ellas que reciben el “pitazo” de amenazas directas o indirectas y deben de regular su búsqueda o su tarea de investigadoras.
Como en la foto, ellas salen a buscar sin ningún tipo de protección, ni equipo sofisticado para ir comunicando a las autoridades locales lo que encuentran y lo que no, y así en el desamparo y la poderosa añoranza de encontrar “algo” que puedan ser del cuerpo de uno de los de ellos o de sus compañeras.
El dolor de las hojas secas olvidadas en el baldío y el abandono de un grupo de mujeres que no cesan de buscar porque la única esperanza que tienen, es la que se dan entre ellas mismas para seguir buscando entre la tierra.
