Por Laura Garza
A veces sí hay una foto de cuando iniciamos y cuando terminamos la vida.
En ninguna de las dos somos testigos conscientes de ello, pero sí muchas personas que te quieren y otras tantas desconocidas te miran con sorpresa porque eres nuevo o porque te sacan parecido.
La del final, es diferente, nadie ve la foto por temor a olvidar el rostro en vida por el de despedida. Pero aún así está la ultima foto de la comida con los amigos, de la salida al parque, la foto de perfil en las redes sociales o el último selfie en las stories de Instagram.
Siempre hay y habrá una.
Hoy fue un día para mí de celebración de vida de grandes amigos, pero al mismo tiempo de una pérdida que sin conocerla me hizo detenerme en mi mañana para pensar en cómo había sido su vida, su mañana, qué le preocuparía, a dónde iba y si alguien la esperaba antes de ser arrollada por un camión.

Foto: Víctor Sánchez / Reforma
Mi sentido foto periodístico y de intensa observadora, me ha llevado a detenerme a observar a detalle y sin prisas a quienes mueren en algún accidente. Me detengo a ver el contexto, a pensar en el cómo sucedió, a ver a los que miran y aparecen en la foto, la calle por si la reconozco y puedo ubicar la escena, la ambulancia, los policías.
Miro todo, y lo reflexiono en la vida misma y sus factores alrededor.
Nunca lo había expresado tan abiertamente en redes sociales y hoy después de leer una nota en el periódico Reforma en donde una mujer había sido arrollada por un autobús, escribí este tweet:

Recibí un par de llamadas laborales y al final me di cuenta que no lo había publicado hasta que finalmente lo hice.
Fue una reflexión tan íntima que no sabía si iba a ser leída de la misma manera. Al final los fotógrafos vemos distintos lados de una misma escena, aprendemos a ver de dentro hacia afuera y de afuera hacia dentro.
Muchas horas después recibo un mensaje de un buen amigo reenviándome mi tweet con un “Era una amiga”.
Un balde de agua helada me cayó encima. Fue como tratar de entender por qué abrí justo esa nota, por qué vi la foto a detalle, por qué reflexioné sobre ella, por qué la pensé tanto y como siempre lo he dicho en este espacio, al final quien observa, se apropia de un poco de las vidas ajenas y eso me pasó con ella.
Hoy hasta las 18:22 hrs supe que se llamaba Ana, la vi en una foto y era muy guapa y los mensajes de su círculo más cercano son muy dolorosos.
Ana iba cruzando por el cruce peatonal el Eje 8 Sur José María Rico y San Francisco en la Benito Juárez, en la Ciudad de México.
Según la nota el camión iba por el carril de contraflujo, ella cruzaba la avenida y el golpe fue tan fuerte en su cabeza que no lo soportó.
Ana tenía muchos amigos. Ana llevaba tenis, leggins color vino y una blusa de rayas. Ana tenía una vida. La que vemos en la foto final no es la Ana que todos conocen.
La foto con la que la conocí fue la última, pero que me llevó a conocerla en lo que fue su vida, a responderme algunas de las preguntas que me hacía por la mañana. A sorprenderme con el poder de la imagen (siempre lo diré), de la proyección que tienen las redes sociales y cómo el destino une sin imaginarlo.
La fotografía de un terrible accidente que me conmovió, me llevó a los seis grados de separación de quien lamenté su partida sin saber que iba a ser una dolorosa pérdida para un buen amigo.
Qepd Ana.
