No hay justificación

Por Laura Garza 

La constante publicación de videos y fotos de la cotidianidad de la familia del gobernador de Nuevo León ya cruza la línea de abuso de imagen.

Pero más que conocer si es o no un papá presente, si le hace quesadillas o si se encarga de la hija mayor mientras la casi recién nacida es atendida por su esposa, esta semana se ha sobrepasado.

El pasado lunes 5 de septiembre en Nuevo León se llevaron a cabo distintos actos de reconocimiento en marco del día del policía, en el cual participó por obvias razones el gobernador Samuel García y esta vez fue acompañado por su esposa Mariana Rodríguez. 

Fue en ese momento y lugar en donde ambos sobrepasaron la línea de respeto y privacidad para su hija recién nacida. De tan solo dos meses y medio decidieron llevarla al evento, aún y contando con la ayuda necesaria para cuidarla y mantenerla en un lugar seguro.

Apareció Mariana Rodríguez junto a su esposo frente a cientos de elementos de la policía en el Estado.  Lo llamativo fue que ella apareció con su hija pegada al pecho con las cangureras para sostener a los bebés.

La pregunta fue ¿para? ¿Por?

El acto quedó para un caso de estudio para el mal manejo de imagen política, y por supuesto un tema que debe de ser discutido para actualizar la Iniciativa con Proyecto de decreto que adiciona el numeral 3 al artículo 246 y el numeral 5 al artículo 247 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, en materia de prohibición del uso de la imagen de niñas, niños y adolescentes en la propaganda político electoral.

Cualquiera podrá defender que no es propaganda político electoral porque no se encuentran en campaña, sin embargo, la ciudadanía no es ciega, y los expertos menos.

Mariana Rodríguez con su carrera de Influencer en redes sociales ha invadido la carrera política de Samuel. 

Aquella primera vez que apareció Mariana con su primer hija de la misma manera en un evento del DIF, causó más ternura e incluso fue apoyada por ciertos grupos de mujeres que había sido un buen acto el evidenciar que así nos veíamos muchas mamás a la hora de trabajar, o en su peor caso, así quisiéramos acudir a trabajar con nuestros bebés pegaditos.

Pero esta vez no.

Ahora, vamos a lo que dice la ley. 

“La protección de la imagen, va como un derecho de la personalidad, de las niñas, niños y adolescentes que debe prevalecer ante el aprovechamiento, exceso y explotación en actos proselitistas, a favor o en contra de un partido político, coalición precandidato o candidato.

Hasta el momento, tanto el Instituto Nacional Electoral y la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, como autoridades en materia electoral, solamente han establecido criterios cuando se trata de la participación de niñas, 

niños y adolescentes en actos de propaganda política electoral.

Sin embargo, bajo el eufemismo del permiso de los padre o tutores o de un supuesto informe sobre el contenido de los mensajes, se ha permitido que se abuse de la imagen de niñas, niños y adolescentes, sin considerar la afectación a sus derechos de la personalidad, que les son intrínsecos, y que, entre otras características, no son transferibles, son irrenunciables e inembargables por lo que, ni siquiera sus padres o tutores pueden otorgar consentimiento derivado sobre el uso de su imagen, para el provecho de un partido político, coalición precandidato o candidato.”

El que las hijas aparezcan en su privacidad, o en eventos públicos y políticos, por obviedad es por la autorización de sus padres, sin embargo lo que cuestiona la ley y sigue en espera de una resolución, es que todos y todas las bebés que son “compartidas” las 24/7 en un futuro podrán sufrir acoso, y sentirse vulnerables al saberse expuestas ante desconocidos.

Es lo que ahora se llama sharerenting, el compartir todo el tiempo a sus hijos. En donde influencer generan contenido a travez y por encima de ellos, de su íntegra idea, de su dignidad y su privacidad.

Porque no solo es que las lleven a actos políticos, es que las vemos en su cuarto, en la cama, en el baño, en la alberca, en la vacación, conocemos sus clósets, sus juguetes, sus vestidos, sus moños, el jabón que usan, la crema que le ponen, las vemos cantar y hacer todo lo que hace un bebé.

El papá de las niñas es político y con ello, las niñas quedan politizadas. 

El equipo de imagen y comunicación del gobernador lo saben, pero siguen órdenes y buscan romper los estándares para esto, para estar en la conversación, que todos recordemos lo buena onda que son, que no se le olvide que es un papá presente, que termina de trabajar y llega listo para jugar y hacer la cena.

Y cualquiera que sea la intención de todos alrededor de Mariana de politizarla, eso también tiene otras intenciones.

La imagen es ridícula y perdón que lo diga. 

Quienes somos mamás, y quienes no ha tocado salir adelante con nuestras hijas y al mismo tiempo trabajar para sacar adelante su vida y la nuestra, sabemos que esto es más que una farsa.

Mariana da una imagen superficial, una mentira que enternece y estoy segura que a ninguna mamá que TIENE que salir a trabajar y TIENE que dejar a sus hijos, le causa un mínimo grado de empatía.

Una pésima decisión de imagen personal, de imagen política y carente de respeto hacia sus dos hijas.

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