Por Laura Garza
Se llama Luisa Fernanda García y desde el lunes que salió de su casa, no ha vuelto. Cinco días y nadie sabe nada ella.
Tiene 28 años y vive en el herido Acapulco, para ser más preciso en el Fraccionamiento Costa Azul. Eran las 10 de la mañana del lunes cuando salió de su casa y se fue caminando, sin que nadie supiera si iba al trabajo, con su novio o algún otro lado.
Esta semana tenemos el nombre presente, se llama Luisa y han salido a buscarla alrededor de 120 personas alrededor de la Diana Cazadora y bloquearon todos los carriles de los dos sentidos.
Nadie pasa, nadie se mueve, ni siquiera la Guardia Nacional fue bienvenida. Mujeres en su mayoría, amigas, familiares, activistas y cercanos a Luisa gritaron sin descanso “Viva se la llevaron, viva la queremos”.
“Te estamos buscando, Luisa Fernanda” repetían varias veces. Pero miro las fotografías y me pregunto ¿cómo buscas? ¿cómo te busco? ¿a dónde salgo a buscarte? ¿a quién le grito que me escuche?
Nuestro país tiene la espeluznante estadística de 10 mujeres asesinadas diariamente, cifra que para la ex fiscal general de Justicia Ernestina Godoy fue disminuyendo y aumentando los supuestos logros para su presidente.
Las mujeres seguimos desapareciendo en Estado de México, Puebla, Sinaloa, Guanajuato y Nuevo León como los estados de mayor índice de feminicidios. El diario El País publicó hace unas semanas en el Día Internacional Contra la Violencia de Género, que en México han sido más de 3mil mujeres asesinadas al año.
El INEGI presentí un estudio donde señala que se han incrementado los delitos sexuales contra niñas y adolescentes, trata de jóvenes y feminicidios infantiles. Entre más joven, más posibilidad de que algo malo pase.
La foto que hoy elijo del fotoperiodista David Guzmán en Acapulco para la agencia EFE, es un contraluz con una semiótica a analizar y relacionarla con las mujeres en el país.
Las sombras y sus siluetas femeninas al raz del suelo, del concreto caliente que les da un ligero consuelo, porque pueden ser vistas mientras paralizan a cualquiera que quiera circular por allí.
Se mantienen de pie bajo el fuerte sol de un lugar como Acapulco, Guerrero. Después de sobrevivir a uno de los más potentes y furiosos huracanes, gritan hasta que se les va la voz, pidiendo justicia, preguntando por Luisa Fernanda, lanzando preguntas y consignas al aire.
Son ellas una réplica de tantas mujeres que han salido a las calles porque les han quitado a sus mujeres, a sus madres, a sus hijas, a sus hermanas, a sus primas, a sus sobrinas, a sus tías, a sus amigas, a sus novias, a cualquiera, pero de ellas.
Ellas como el símbolo de todas, firmes y con las manos alzadas pero con el alma herida y el temor a nunca ver volver a Luisa, o peor aún que sigan ellas.
Pero en la sombra, donde los rostros se desvanecen. Un contraluz aguerrido pero doloroso. Las mujeres para este gobierno y para otros tantos, se pierden en la oscuridad de un asesinato tras otro, de un feminicidio tras otro, de mujeres perdidas que ya no vuelven y que hasta en estadística desaparecen.
Ellas como el ejemplo de lo que ya no podemos permitir, quedarnos en la sombra y sin ser escuchadas. Porque aún con más de 3mil asesinadas al año seguimos sin saber cómo buscar, cómo cansarnos por gritar, seguimos sin ser escuchadas y ni mucho menos cuidadas.
Luisa Fernanda, que no se nos olvide.
¡Viva se la llevaron, viva la queremos!
