La foto de los estudiantes asesinados

Por Laura Garza

Morir en el intento de salir de fin de semana a festejar el cumpleaños de uno de tus amigos. Ser asesinado en el interior del coche donde regresabas a casa y que tu cuerpo se quede abandonado a la intemperie de la noche y después expuesto ante cualquier tipo de desconocidos.

Morir en el intento de vivir como cualquier joven en un país, que cada vez se torna más inseguro para ellos y para todos. Carreteras que comienzan a ser el área de trabajo de delincuentes y del crimen organizado. Apoderadas las vías y si tienes mala suerte, no solo es el asalto sino también tu vida.

No solo es ser presa de la delincuencia y la inseguridad, sino que tras encontrarte sin vida, alguien se atreva a hablar mal de ti en cadena nacional.

Eso hizo el presidente, uno de los hombres más inhumanos, insensible, grosero y mal educado, que he conocido al frente de nuestro país.

Pedro, Fabián Jesús, Eduardo, Giovanni y Bryan. Eran seis y cinco eran estudiantes de medicina de la Universidad Latina en Guanajuato.

Según la información publicada, Jesús y Bryan estudiaban cirugía, Pedro y Eduardo querían ser pediatras y Fabián estaba empezando. Jóvenes de veinte años que viajaron a Querétaro y que todo indica que después visitaron un balneario.

Se presume que allí fueron secuestrados, para después torturarlos, matarlos y abandonarlos en terracería.

El presidente es como aquél emperador que va desnudo y que niega la verdad solo porque él lo dice. Él mismo se atrevió a hablar un día después sobre esta última masacre de jóvenes en nuestro país tan solo en este 2023, para criminalizar a los estudiantes y asegurar que eran consumidores de droga.

La alevosía con la que el presidente habló de ellos y la frialdad con la que desdeña una tercera masacre de jóvenes en su último año al frente, es un insulto grave para ellos y sus familias, principalmente; pero también para el resto de todos los mexicanos, porque pareciera que quienes fueron expuestos a ser secuestrados, violentados, torturados y finalmente asesinados fueron ellos.

“El emperador que no ve” no es capaz de aceptar su permisividad a los grupos delictivos, a la impunidad ante crímenes como este.

La narrativa de repetición de una mentira tras otra, intentando de manera desesperada seguir haciéndoles creer que todo está bien, que la culpa es de “los otros”, de los que ya no están.

Su cobardía y falta de humanidad, prefirió lanzar la culpabilidad a seis cadáveres de jóvenes estudiantes que fueron torturados y asesinados. 

La imagen es la de estos chavos que vemos en la foto, unos de 18 y otros de poco más 20 años. Sea lo que sea, el presidente está obligado a ofrecer una disculpa a los familiares de la misma forma como los criminalizó.

Ojalá, como tantos casos, como los cinco chavos en Lagos de Moreno o los siete en Zacatecas no nos olvidáramos de ellos y de la pusilanimidad de un hombre que no se atreve a proteger a nadie.

La foto debe de ser esta, no la que el presidente supone que fueron. 

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