El dedo que no resuelve nada

Por Laura Garza

Tantas imágenes de las que puedo hablar hoy, el fin de semana hubo decenas de imágenes de política nacional e internacional. Los enfrentamientos en Estado de México, los jóvenes en Guanajuato, Mariana Rodríguez y su candidatura, Milei como Presidente de Argentina, Kirchner y su dedo, los niños heridos en Palestina y muchos más. 

En fin, hay muchas de las que quisiera hablar, pero con el cúmulo de problemas en nuestro país encuentro esta foto tomada por José Méndez, fotoperiodista para EFE del presidente López Obrador en su mañanera el día de hoy.

Me pregunto ¿Cuántas veces le hemos visto hacer esta misma señal? ¿Ha servido de algo’ 

El presidente se ha convertido en un holograma donde por cinco años pareciera ser la repetición del mismo tono de voz, del mismo discurso, de las mismas posturas, de las mismas amenazas, de las mismas culpas, de las mismas mentiras y peor aún de las mismas ganas de no dejar nunca el poder. 

El presidente hoy ataca y amenaza, como puede ver en la imagen, con desaparecer a los organismos autónomos, con tal de eliminar todo aquello en lo que no ha logrado controlar y tener a su favor para poder hacer, ahora sí, lo que él quiera y desee.

Sigue alzando su dedo, sigue reiterando que él tiene la razón, sigue viéndose a él mismo, sigue creyendo que ante una amenaza y otra, los mexicanos nos inmovilizamos y callamos.

El dedo que tanto hemos visto, el que amenaza y señala, no ha podido controlar el tema de inseguridad y el apoderamiento del crimen organizado de un mayor territorio. El enfrentamiento en Texcaltitlán con los pobladores, es una bomba que explota a un año de dejar su mandato y cuando su candidata, Claudia Sheinbaum recorre el país repitiendo la narrativa que es mejor dar “abrazos, que balazos”.

El dedo no puede ocultar a los muertos. 

El dedo que amenaza, no ha retenido a los hombres salvajes a secuestrar, violar y asesinar a tantas mujeres en el país. Los feminicidios siguen pasando y no es tan importante para alzar el dedo y amenazar a los criminales que ultrajan y matan a mujeres mexicanas de toda edad.

El dedo tampoco borra los nombres de ellas.

El dedo que habla de que los corruptos “eran los de antes” y que no se daría ningún tipo de casos en su gobierno, porque ellos son “diferentes”. Pero sorpresa, sus propios hijos y familiares son los principales actores en casos de corrupción.

El dedo no asusta a sus hijos, ni a sus hermanos.

Las masacres de jóvenes en Guanajuato, Zacatecas o Jalisco han terminado victimizados y ese mismo dedo lo terminó señalando casi como culpables por haber estado en ese lugar y a esa hora, en donde bien pudieron haber estado en sus casas.

Nadie le teme a su dedo alzado.

Las madres y padres de desaparecidos, han acudido una y otra vez y siguen sin ser escuchados y lo peor es que las cifras de personas desaparecidas comienzan a cambiar, ya no son los que eran antes 

El dedo no calla a ningún padre o madre que busca a sus hijas e hijos desparecidos.

El presidente busca que “entre todos” salvemos al país del crimen organizado. El presidente cree que dando órdenes sin ton ni son, seguiremos sus indicaciones, como borregos, como mudos y sordos.

El presidente no se ha cansado de alzar su dedo, de amenazar, señalar y apuntalar, lamentablemente su dedo alzado no resuelve nada.

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