Por Laura Garza
Con los argentinos los juegos de futbol no comienzan al silbatazo del árbitro, sino días antes desde que los hinchas se reúnen y comienzan los cánticos interminables a son de tamborazos y de ritmos que solo las barras lo hacen retumbar en cualquier lugar del mundo.
El aviso estaba para las 7 de la noche con bombos, paraguas, banderas y todos con los jerseys de sus ídolos y llegaron más de 5mil personas para volver a llenar el Times Square previo a la semifinal de la Copa América en donde su equipo se enfrentará a una brava selección de Canadá.
Imaginen esta calle angosta de Nueva York iluminada por los colores intensos de decenas de pantallas alrededor, pero esta vez copada por el blanco y el azul. La primera bandada fue hace dos semanas cuando se enfrentaron ante Chile, un poco más accidentado y 2 mil menos.
Quienes crecimos con el futbol con las leyendas alrededor de Diego Armando Maradona y la locura de un personaje como él en las canchas, entendemos la locura que sobrepasa todo límite en los aficionados argentinos.
En Argentina como en Brasil, el origel del futbol tiene nombre y apellido y el resto de los mortales los seguimos con la misma idolatría desde aquél monitor blanco y negro, claro, en casa de los abuelos había uno pequeño pero desde allí mirábamos todo.
Los argentinos que ni son humildes ni sensishitos, aunque uno que otro caismático sí donde se paran la revientan. Llevan tatuados los colores de su bandera, hasta el logotipo de la Asociación de Fútbol Argentino, al eterno 10 Diego Armando Maradona, las estrellas de los títulos conseguidos 1978,1986 y 2022, la Copa del Mundo, el Dibu, la fecha de la final ganada y obvio hasta a Messi besando la copa.
El boom de los tatuajes en el mismo país argentino como en el extranjero. ¿Quién no querría tener a Messi tatuado? Y más cuando son generaciones que apenas ven a su selección campeón. Los locos de ellos.
Los que han convertido en una religión a Maradona y pronto lo harán con Messi, los que se embrutecen cada que juega el Boca o el River, los mismos que viajan sin mucha plata pero con los jersey en la maleta.
Los que se han mudado a Miami para ver de cerca a Lionel con el Inter, los que compran el vuelo a donde jueguen y después buscan las entradas a los juegos, los que dejan de ir a trabajar, los que suben a la familia entera para cumplir con la herencia a los más pequeños de ir a alentar al repre siempre y siempre, es siempre.
La foto tomada por Angel Colmenares de EFE, engloba todo lo que hoy escribo. El bombo con Maradona y detrás de él Messi pero ambos con los ojos a medio abrir pero con la misma actitud de entereza, de orgullo, de dos argentinos que siempre lo han querido todo.
De las 15 Copas Américas ganas por Argentina, ninguna la levantó Maradona y Messi lleva una a la cuenta y mañana hará todo por llegar a la final y sumar otra a sus números.
Qué importan las Copas que han levantado, si Maradona los hizo campeones y los volteó al mundo entero. Si a Maradona lo vitoreamos todos, y quienes jugamos futbol con nuestros hermanos mayores en la cuadra, aún siendo niñas, también fuimos alguna vez argentinas y nos apellidamos Maradona.
Así es Argentina, o se ama o se odia pero hoy en Times Square dejaron claro que es mejor amarlos y subirse a su fiesta que no parará hasta mañana que le ganen a Canadá.
Ojalá!
