El descaro del presidente

Por Laura Garza

Hay que tener un sentido limitado para razonar y un exceso de insolencia para decidir hacer una conferencia oficial un mes después de que el estado de Guerrero fue devastado por uno de los huracanes más fuertes en la historia del Pacífico mexicano.

Falta de cordura o exceso de osadía. 

El presidente se decidió acudir a Acapulco para conmemorar el Día de la Armada de México y aprovechando que iba a navegar sobre la bahía del Puerto, lanzó una ofrenda al mar por los marinos y civiles que fallecieron el pasado 24 de octubre. 

Re escribo “El presidente se decidió acudir a Acapulco para conmemorar el Día de la Armada de México”, que no es lo mismo “el presidente se decidió acudir a Acapulco para por fin escuchar a los guerrerenses y buscar soluciones prontas para recuperar el estado y el turismo.

Lamentablemente no fue así.

Las fotografías son grotescas, un gobierno que quiere verse aparatosamente ostentoso, poderoso, inalcanzable y como una fortaleza. 

Foto: Francisco Robes / Reforma

La foto de Francisco Robles que fue publicada en el periódico Reforma es el ejemplo perfecto de la paradoja de quienes han demostrado su inferioridad ante una catástrofe humanitaria, con un helicóptero de la Marina al fondo. 

La fortaleza del poder, rodeados de metal para convertirse en lo inalcanzable, en la grandeza de un objeto para usarlo como barrera, la incoherencia del que tiene contra el que perdió todo. 

Es una imagen de un régimen falso y mentiroso que solo repite el guion populista que son y están para el pueblo, cuando lo que menos ves en su actuar, es “con el pueblo”.

Aparece la opulencia, la blancura, los zapatos limpios, los cabellos bien peinados, el maquillaje bien colocado, los labios bien pintados, las pulseras bien amarradas a la muñeca, las uñas pintadas, los aretes y la guayabera colorida para celebrar su arrogancia y evidenciar su descaro.

La gobernadora Evelyn Salgado con las manos tan pegadas a sus piernas porque no tiene nada qué mostrar, nada qué hacer. Todos con las palmas escondidas porque no hay rastro de haber hecho algo, hay que decirlo también.

En la segunda fotografía cedida por la presidencia de México a la prensa es un agravio directo a cada guerrerense que perdió todo, a las familias rotas, a las madres que lamentan la muerte de sus hijos en el mar, de los hijos que siguen sin encontrar a sus padres.

La risa, porque el presidente se ríe ante uno de los estados más pobres a quienes promete “una ayuda económica”, porque su “Plan General de Reconstrucción y Apoyo a la Población Afectada en Acapulco y Coyuca de Benítez por el Huracán Otis.” Pareciera ser la portada de una presentación con chistes y buen humor.

La guayabera con flores de colores bordadas, como si Acapulco hubiera olvidado su luto. 

Sus ojos encogidos porque cree poder contagiar su buen humor a quien lo ve y a quienes le gritaban afuera protestando y denunciando la falta de apoyos.

Qué descaro.

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