Una postura no hace líder a nadie.

Por Laura Garza

Angela Merkel fue quien comenzó a colocar las manos al frente de su cuerpo haciendo la forma de un rombo, y no exactamente cuando ya era presidenta de Alemania, sino cuando presidía el partido de Unión Demócrata Cristiana de Alemana (CDU) por ahí del año 2000.

La física y política se sentía incómoda a la hora de posar y de mantenerse quita en eventos oficiales, principalmente porque no sabía qué hacer con sus manos, hasta que de pronto se sintió cómoda colocándolas en forma de rombo a la altura del ombligo.

A partir de ese momento, verla en una postura firme siempre incluían los dedos unidos de las manos y perfectamente alineados frente a frente formando un rombo.

Para Angela Merkel la imagen fue un tema de congruencia con su manera de ser como política, y su manera de gobernar.  

En su pragmatismo, mantenía una simetría en su manera de comunicar por todas las vías, siendo una de las principales su aspecto físico. La certera elección para elegir su estilo de vestir, siempre en trajes de dos colores con sacos de tres botones, collares y su bolso.

El símbolo del rombo comenzó a empoderarse y ser identificado como una señal de seguridad y liderazgo, claro y más viniendo de una de las mujeres más poderosas de Europa. Así que muchos comenzaron a utilizarlo sin ton, ni son, creyendo que al colocar las manos a la altura del ombligo y en un rombo poco alineado, iba a colocarlos en el mismo peldaño. 

El rombo de Merkel incluso coincide con su personalidad cuadrada, pragmática y simétrica. El orden y las líneas perfectas es lo que le daba mayor poder a la postura, junto a una imagen fuerte y segura de una mujer que gobernaba Alemania.

Siempre he pensado que más allá de que Merkel encontró qué hacer con sus manos y sentirse cómoda, también tiene que ver la energía del cuerpo, sien el ombligo nuestro centro energético más importante del cuerpo. Al colocar tus manos al mismo nivel que tu plexo solar, limitas tu poder y lo concentras en ti.

Pero el tema es que muchos políticos de todos los niveles creen que colocando las manos allí, serán visto como líderes y lamentablemente NO. Hace unos meses fotografié a una Secretaria de Gobierno del Gobierno Federal y al colocarse frente a mi cámara puso las manos al frente sin entender la altura, ni su importancia. Su pose la hacía ver mal, su cuerpo no le permitía colocar las manos al centro cuando sus caderas eran muy pronunciadas.

Varios políticos en nuestro país también lo han comenzado a usar, y perdón, pero no significa nada. El hombre tiene mucho mayor poder usando sus manos de distinta forma que uniéndolas.

El ejemplo más claro es el de Javier Milei, el nuevo presidente electo de Argentina junto al saliente Alberto Fernández, en donde el encuentro era casual en la residencia presidencial en la Quinta de Olivos, a las afueras de Buenos Aires.

Pero ni entendiendo que la charla fue al exterior, con el jardín de fondo y una pequeña mesa entre ambos con copas de agua, Milei pudo relajarse y hacer de este primer encuentro uno amable y cordial entre ambos. 

Su postura forzada e incómoda queriendo ser él quien tuviera el mayor poder con su presencia, solo logró verse incómodo al estar sentado a la orilla de la silla, obligando a mantener la espalda totalmente erguida y sus manos queriendo formar el famoso rombo “del poder”. 

Parece más que no cabe en la silla, que otra cosa.

Pero nada de esto ayudó a hacer que Javier Milei luciera poderoso o como un nuevo líder para Argentina. Al estar sentado con las piernas tan juntas y los brazos también acortando el espacio, solo evidencia su cerrazón para mantener una conversación abierta.

Mientras que el presidente saliente, en una postura más relajada, como lo ameritaba la ocasión, se muestra abierto a su relevo, aunque no del todo convencido en que pronto dejará de usar esa silla y con esa hermosa vista.

Hay que recordar que las posturas o gestos femeninos de poder, no son los mismos para los varones y viceversa. El hombre entre más ocupe espacio y sobre todo que lo haga suyo al abrir el compás de las piernas, sacar el pecho, alzar los hombros y mostrar las manos relajadas lo refleja como quien sabe su poder y lo transmite.

En fin, el rombo es el ícono de una mujer que lo apropió con su liderazgo y su congruencia de personalidad, de gobernancia y de imagen.

Imposible creer que por hacer un rombo asimétrico con las manos, les traspase el poder y las cualidades de un liderazgo que se trabaja y se alinea con acciones.

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