Laura Garza

© Laura Garza

Un Selfie con el Rey, por favor.

Esta semana la ciudad de México recibió a los encantadores Reyes de España, Felipe VI y Letizia, quienes desde el domingo por la noche arribaron a la capital para celebrar su primer visita oficial a nuestro país.

La cobertura mediática ha sido basta. Los Reyes por aquí, los Reyes por acá, pero lo que nuestra comitiva política mexicana no contaba era con que la selfie que habían planeado algunos de ellos, iba a ser denegada por la comitiva de la realeza. 

Dentro de un sin fin de actividades programadas por Presidencia y la Embajada Española, se visitó a la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, pero unos días antes se les avisó a los senadores y diputados que no podrían tomarse ninguna fotografía al más estilo selfie con Felipe VI y Letizia. 

Esto tiene varias razones. Una de ellas es por el comportamiento indebido de nuestros políticos con la presencia de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que cuando visitó el mismo recinto, con los mismos personajes, estos se comportaron como si estuvieran viendo a una estrella de rock. 

Y justo de esto se trata al acercarse a un personaje de la realeza española, él no es un rock star, por lo tanto no tiene razón que la gente quiera tomarse foto con él o ella. El año pasado cuando tuve la oportunidad de estar cerca del Príncipe Felipe, en ese entonces, en la toma de protesta de la presidenta Bachelet en Chile y en la primer visita oficial del presidente Peña Nieto a Madrid, el tema quedó claro. 

Dentro de la política, existe una serie de protocolos que con muchos Presidentes o Jefes de Estado se aplican sin regaño y sin insistencia, y la toma de fotografías es una. Un ejemplo es con el presidente Obama, si él se acerca a ti y abre oportunidad para pensar en tomarse una fotografía, entonces así será, de lo contrario, dentro del protocolo está prohibido tener la iniciativa de acercarse con el teléfono y dar click. 

En este caso, la comitiva de seguridad de la realeza española sabiendo que con la visita de Rousself hicieron filas para obtener la foto del recuerdo, lo manejaron perfectamente bien esta vez. Un personaje español me lo dijo hace un año: “Él no es un rock star, viene de la realeza”. 

Aunque en nuestro país el tema es distinto, aquí tenemos a un Presidente que le gustan las selfies, que le gusta convivir con la gente y que busca que todos tengan su fotografía de recuerdo, es por ello que en la página de Presidencia, existe una sección de nombre MI FOTO CON el presidente. 

En fin, en algunos países tenemos Presidentes, en otros Reyes. 

El Universal. http://eluni.mx/1S1Fuw4

La Monna Lisa y Yo

La búsqueda de la aceptación en el mundo de las redes sociales nos lleva a olvidar el entorno y dar todo por una selfie.

Por Laura Garza

Llegamos a media mañana a la Pirámide para visitar al majestuoso Museo de Louvre. Como toda primera vez, estaba inquieta cual niña pequeña para recorrer todos sus pasillos, sus salas, sus obras de arte, pero sobre todo por ver a la sonriente Gioconda de Leonardo Da Vinci. 

Hay que tomar en cuenta que el Museo recibe en promedio más de 22 mil personas a diario, lo cual hace que las taquillas siempre estén llenas y para recorrer cada sala se tome mucho más tiempo del que imaginamos; y si piensan en tener el panorama despejado para que nadie se atraviese frente a ti con su dispositivo móvil, están soñando.

Hace poco leí un artículo sobre las multitudes y el efecto de los celulares en los museos, y algunos expertos decían que la tendencia de muchos de los recintos de arte más importantes en el mundo es a prohibir tomar fotografías o incluso a dar un tiempo específico.

La gente, pero sobre todo los jóvenes ya no van a ver las obras, sino a tomarse selfies, es decir le dan la espalda a las obras artísticas para obtener su cometido y se retiran. Y por supuesto, no podía faltar que al momento de llegar a la sala donde habita la mujer más famosa del mundo por su sonrisa y su mirada hechizante: la Monna Lisa, la famosa Gioconda, la gente estuviera colapsada, con los teléfonos y gadgets a lo alto y la mayoría ansiosa por llegar hasta la primera fila de la estructura de cristal que la protege. 

Antes de caminar hacia ella por la inercia de los demás turistas, descubres un impactante cuadro de Las Bodas de Caná de Veronese que te deja con la boca abierta, pero insisto, pocos la ven porque corren ansiosos hacia la Monna Lisa.

En lo personal, estaba feliz por ver una obra que desde hace años la he visto solo en libros, en películas o en fotos de amigos, pero tenerla de frente, observar cada uno de sus detalles, sí emociona el espíritu.

Es así que mientras digería mis emociones, tres mujeres orientales me empujaron para pasar frente a mi para tomarse una foto con el cuadro a sus espaldas. Pasaba una, pasaba otra y por fin la última. Allí es cuando aseguras tu lugar en la primera fila para que nadie ensucie el horizonte. 

Se que la semana pasada hablé sobre los sefies y el nuevo gadget de viaje el Self Sitck, pero es que la imagen que hoy comparto es más clara que lo que yo aquí describo. En realidad el efecto de compartir el “Yo estuve allí” va más allá de lo que creemos. 

Es una acción colectiva que sobrepasa cualquier límite de convivencia social. Volvemos a lo mismo, ya no importa en realidad qué vemos, qué aprendemos, qué conocemos, sino el cómo comparto que estuve allí a través de una foto que me haga ser mejor evaluado por mis amigos y seguidores.

El Universal. http://eluni.mx/1KwDMdW

El mundo Selfie

Por Laura Garza

Los tiempos han cambiado, las formas de comunicar se han modificado y uno ha ido adaptándose como puede a la tecnología, a la brevedad, a la comodidad y a la simplicidad.

La sociedad también ha cambiado, nuestra escala de comunicación e interacción ha sido modificada por gadgets y cientos de aditamentos para evitar la conversación con otros.

Antes nos tomábamos fotos con los amigos para compartir el momento, hoy en día ya no importa si no están los amigos, hoy en día lo que importa es compartir en donde YO estoy, al mundo virtual.

Llevo once días fuera de México recorriendo ciudades como París, Barcelona, Estrasburgo, Nurenberg y Praga, en la República Checa y las escenas son las mismas. Cientos de personas con celulares, self sitcks posando “como si fueran a las cámaras de televisión más importantes de sus naciones. 

El efecto es impresionante, todavía hace unos diez años atrás la escena era de gente con sus cámaras en las manos o los japoneses con sus equipos profesionales colgando sobres sus cuellos y el sonido (ahora nostálgico) de click click. Hoy hasta los japoneses utilizan sus celulares para tomar fotografías por donde quiera que van. 

Con la aparición de las cámaras digitales vino la posibilidad de sacarse las famosas autofotos donde a “ojo de buen cubero” apenas le atinabas a que salieras en el encuadre, después con la flexibilidad de sus pantallas fuimos mejorándo, porque podíamos vernos, simulando el mismo visor de la cámara. 

Pero todavía allí, nos acercábamos con algún desconocido a pedirle que nos tomara una foto, la veías y estando segura de que todo había salido bien, avanzabas, de lo contrario eras capaz de parar a otro. 

Cuando pasamos de los celulares cuadrados y sumamente funcionales como teléfonos, tuvimos los celulares con cámaras integradas que nos ofrecieron otra posibilidad más para volvernos fotógrafos locales, nacionales e internacionales a la hora de compartirlo en las redes y obtener Likes de cualquier usuario en el mundo. 

La tecnología nos ha aislado del mundo real, pero nos ha acercado a través de las redes a todas partes. El self sitck se ha vuelto más indispensable que traer el pasaporte en tu backpack; no se sale sin él, no hay fotos sin uno. 

Todavía recuerdo que cuando salieron a la venta los self sticks los comprabas por internet, después los vi en las farmacias de Nueva York, luego saliendo del metro en la Ciudad de México, después en los semáforos, luego en las tiendas de aeropuerto, los marroquíes en Barcelona, los inmigrantes en París y hoy en cualquier tienda aquí en Praga. 

Todos cambiamos al vernos en pantalla, la sonrisa se vuelve popular y el efecto es inmediato: ¡Ey, estoy en París!. 

El Universal: http://eluni.mx/1lFCzdX

Vanity Fair y su polémica portada

Por Laura Garza

Vanity Fair y su polémica portada El empresario, productor y editor de Vanity Fair, Graydon Carter decidió sorprendernos a todos con la nueva portada de Vanity Fair donde la galardonada fotógrafa Annie Leibovitz, captura la nueva identidad de Bruce Jenner.

 La portada del mes de junio es protagonizada por Caitlyn Jemmer de 65 años, quien apenas meses atrás, aún era llamado como Bruce Jenner, aquél ex atleta estadounidense y padrastro de las Kardashian. 

 Pocos lo recuerdan en su etapa de fama, pero es que Bruce, perdón, Caitlyn fue un atleta olímpico en el 76 y después al darse cuenta de la belleza de su rostro, fue haciéndose más famoso entre el público femenino. Aha, cuando allí todavía le gustaba que le dijeran Bruce, es que apareció en la televisión sustituyendo a Erik Estrada en aquella serie Chips por ahí de los 80s. Vanity Fair es una revista que siempre nos ha ofrecido grandes reportajes y entrevistas de profundidad con las celebridades de Hollywood. 

Hoy acude de nueva cuenta con su fotógrafa de cabecera, Annie Leibovitz, quien desde el 83 trabaja como retratista de esta casa editorial para capturar la esencia de una mujer que siempre estuvo oculta en el cuerpo equivocado. 

Leibovitz acudió a la casa de Caitlyn en Malibú para fotografiarla en la intimidad de su espacio, en donde ella se sintiera lo más cómoda para mostrarle al mundo, quien en realidad es. 

Por primera vez una revista dedicada a la alta esfera de las celebridades decide romper esquemas y dedicarle este mes un retrato elegante, fino y sin precedentes para la comunidad transgénero. Caitlyn luce sencilla, coqueta pero recatada. Su postura dice “Esta soy yo”, sus manos ocultas detrás de la espalda hacen que luzca por completo su pecho y cintura reflejando su feminidad. 

El color dorado como fondo y textura, fueron bien elegidos para una mujer de más de 60 años que posa de manera sensual, sn perder la elegancia. La mirada es directa hacia Leibovitz, como siempre nos transmite la escena directa desde Malibú para el mundo. Caitlyn nos declara en su postura “Sí, soy una mujer”. 

Las fotografías de interiores son más de ella. Más nos sorprende a todos lo que Bruce ha hecho con su cuerpo, sin embargo, parece que eso lo hace el más feliz y lo transmite perfectamente en la sesión fotográfica. 

Como dato extra de su impacto, es que hace dos días, Caitlyn abrió su cuenta de Twitter, y superó el millón de seguidores en solo cuatro horas! Superando la cantidad que reunió Obama el mes pasado al abrir su cuenta personal. 

Esta vez Vanity Fair provoca una explosión, Leibovitz tras el lente, Buzz Bissinger como entrevistador y Caitlyn como la primer mujer transgénero de Hollywood que aparece en portada luciendo de manera sensual. 

 Los tiempos han cambiado y este es en un ejemplo claro, de que el mundo de la farándula norteamericana se abre nuevos paradigmas de íconos sociales. Saludos desde París! 

El Universal. http://eluni.mx/1WEwYSw

¿Hablamos o Instagram-eamos?

Por Laura Garza

Ya no es noticia el que las redes sociales forman parte de nuestra cotidianidad, sino que es el medio más importante y básico para comunicarnos con los demás.

La cantidad de usuarios de Instagram, van en aumento, hasta marzo de este año se rebasaron los 300 millones de usuarios activos a nivel mundial y solo al día se dan más de 2 billones de Likes, es decir, los jóvenes están allí.

¿Por qué digo jóvenes? Porque más del 53% de los usuarios tienen entre 18 y 29 años. Instagram se ha convertido en una red social que ha llevado la imagen hasta ser el lenguaje más básico y con mayor impacto entre los jóvenes.

Es decir, hoy en día una imagen es hablar, es interactuar, es decir “este soy yo”, “esto es lo que hago”, “este es mi perro”, “esta es mi vida”. Las más de 70 millones de imágenes que se suben diariamente lo delatan. Preferimos no hablar, preferimos no interactuar face to face.

Queremos hacer unas fotos “coquetas” para entonces interactuar, ganarnos un follower, varios corazones y quizá, un fan. Pareciera que los jóvenes están mejor preparados para producir una imagen que para hablar o para escribir. 

¿Cuántas veces han querido describirnos algo que vivieron y prefieren enseñarnos una foto?. Instagram lo sabe y hace un par de meses lanzó una segunda aplicación independiente. 

La primera fue Hyperlapse que vino a ocupar un terreno de video simulando un Timelapse, pero ahora llega Layout, una aplicación que le suma un ingrediente más de creatividad. Los 23 filtros ya no son suficientes, Layout nos ofrece hacer collages de hasta 9 imágenes seleccionadas desde nuestro carrete. 

¿La novedad? Es que se anticipa ofreciéndote distintas opciones de acomodo, siguiendo el patrón de fotografías que selecciones, ya sean verticales u horizontales. De las funciones más llamativas, es que ayuda a detectar rostros y las 30 fotos más recientes que has utilizado. 

¿Y qué con esto? Pues que podemos subir más fotos de un mismo evento en una sola imagen, o que se pueden subir 9 selfies en un solo archivo. Instagram quiere más pedazo del pastel de internet. Todos tenemos más amigos en las redes de los que contamos en la vida real. Nos importa más el número de followers aquí y allá. Nos importa que nos vean. 

 La imagen se transporta a la modernidad del instante. Si eres de los que publica poco, pues poco te recordarán, si eres de los que publica su vida, entonces bajo los estándares actuales, serás popular. 

La pregunta es, hoy en día ¿qué tanto hablamos con los amigos y qué tanto instagram-eamos? 

El Universal: http://eluni.mx/1SblLIx